Nada, apenas nada
para la mano
que detiene la caída
del pétalo de sol y tela de araña,
de la cáscara de nieve,
fría e invisible,
sobre la piel cerrada.
Nada, sólo esa nota
simple,
apenas sostenida,
posada sobre el silencio
con finas patas,
insectos de aguja, que danzan
sobre pálidos discos de hielo:
música blanca.
Nada, la seda cruda de unas palabras
deslizándose,
resbalando sobre las lenguas,
exquisitas
en su calidad de pluma
perdida en vuelo, imaginaria.
El tul semitransparente y esquivo
de la bruma,
de su sombra
blanca
sobre la tierra:
sólo un suspiro del agua.
Nada, brevedad, caricia,
susurro transparente, esbozo,
fragilidad, apariencia, reposo,
ingravidez ilusoria…
Levedad: es lo que somos.
Apenas nada
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es otoño
Remanso de chirridos
entre remolinos
de incomprensión.
Esta mañana escupí silencios agarrada al volante,
y mis ruedas crujían los cañaverales rotos.
Es otoño, sí.
Los pájaros me han dicho adios con el pico
antes de facturar sus maletas
y las últimas semillas de sol.
Es otoño, sí.
Buscaré un sitio cálido donde hibernar
o cerraré las manijas de estos grifos
que me piden pasear por otras playas,
niños excitados,
sin paciencia.
En la piel se quedan los reflejos
de la luz adormecida
resbalando
hacia el sumidero del invierno
que, inclemente, la devora.
entre remolinos
de incomprensión.
Esta mañana escupí silencios agarrada al volante,
y mis ruedas crujían los cañaverales rotos.
Es otoño, sí.
Los pájaros me han dicho adios con el pico
antes de facturar sus maletas
y las últimas semillas de sol.
Es otoño, sí.
Buscaré un sitio cálido donde hibernar
o cerraré las manijas de estos grifos
que me piden pasear por otras playas,
niños excitados,
sin paciencia.
En la piel se quedan los reflejos
de la luz adormecida
resbalando
hacia el sumidero del invierno
que, inclemente, la devora.
Ilusión
Tersa, brillante, invitadora,
blanca piel de burbuja bailarina
-positivo de tu pupila negra
que la observa, apenas sin creerlo-
chorreante de húmedos sueños
y sonrisas resbaladizas.
No, por favor, no quieras tocarla:
guárdate el dedo febril,inquieto, ansioso,
en el bolsillo de esos tejanos viejos
que se reclinan sobre tus junturas.
La ilusión, flotando ante tus ojos
no admitiría el fervor de un abrazo,
ni el ligero roce del pétalo de esta uña,
media luna de una caricia...
Lo inevitable.
El estallido inunda tus ojeras
con mares no navegables....
Salobres olas descontroladas.
Ensartada en los clavos de la tabla
que abrazas en tu angustia arrepentida
miras arriba, al azul infinito,
que oculta más cóncavos brillos,
blancos positivos de oscuras miradas.
blanca piel de burbuja bailarina
-positivo de tu pupila negra
que la observa, apenas sin creerlo-
chorreante de húmedos sueños
y sonrisas resbaladizas.
No, por favor, no quieras tocarla:
guárdate el dedo febril,inquieto, ansioso,
en el bolsillo de esos tejanos viejos
que se reclinan sobre tus junturas.
La ilusión, flotando ante tus ojos
no admitiría el fervor de un abrazo,
ni el ligero roce del pétalo de esta uña,
media luna de una caricia...
Lo inevitable.
El estallido inunda tus ojeras
con mares no navegables....
Salobres olas descontroladas.
Ensartada en los clavos de la tabla
que abrazas en tu angustia arrepentida
miras arriba, al azul infinito,
que oculta más cóncavos brillos,
blancos positivos de oscuras miradas.
La luna
Me miras, luna, como alucinada.
Te pegas a la seda celeste y tibia
del vestido de baile de la tarde,
que sale al encuentro de la noche
para despertar por la mañana
con los ojos enrojecidos por el cansancio,
sacudiéndose sobre la tierra el rocío,
sudor del sexo nocturno,
que deja a la noche preñada de estrellas,
a la hierba de lágrimas,
a la ciudad, de luces,
al durmiente, de fantasmas,
esperando el parto cotidiano
al que asiste la luna malcriada,
agarrada a las faldas de la tarde
y al cabello de la madrugada.
*A la luna de verano, tras ese estupendo eclipse.
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